martes, 7 de junio de 2022

El Ortega Brú más íntimo. Las pinturas.

Hace un tiempo que vengo investigando la obra de Luis Ortega Brú, considerado uno de los imagineros más destacados del siglo XX. Su forma de ver el mundo no sólo impregna su obra escultórica sino que siendo un artista muy completo tiene una obra pictórica que me llamó la atención desde el principio de saber de ella. Es una obra muy amplia y sobre la que se ha escrito poco. Así que me lancé a la labor. Fruto de ello es el artículo que presento en esta entrada. Un artículo que me ha publicado la revista de Historia del Arte Accadere de la Universidad de La Laguna. 

Estoy muy contenta con la publicación pues es el primer artículo en una revista de historia del arte que publico. Esa fue mi formación inicial pero al decantarme por la filosofía posteriormente había publicado textos académicos en revistas de filosofía aunque fueran de crítica o de teoría del arte. Y como no, también había publicado sobre fenomenología de la religión (tema de mi tesis doctoral).

El artículo se titula “El Ortega Brú más íntimo. Una aproximación a las pinturas. Clasificación”. Os dejo el resumen: 


“En el presente artículo analizamos la obra pictórica de Luis Ortega Brú. Poco conocida, nos parece necesario abordarla para la comprensión íntegra de su obra. Muchas de sus pinturas fueron un complemento en sus proyectos escultóricos, siendo bocetos de los mismos, pero otras son creaciones desconectadas de la creación escultórica, indagaciones íntimas o partes de un proyecto creativo multidisciplinar que nos habla de un artista en línea con los movimientos estéticos que le eran coetáneos”. 


El enlace a través del cual podéis acceder gratuitamente al artículo es: 


El Ortega Brú más íntimo. Las pinturas.


Como siempre os recomiendo echar un vistazo a la revista, pues los artículos son muy interesantes. Espero que el artículo de mi autoría sirva para despejar los vacíos en torno a la obra del artista sanroqueño. 


La entrada la cierro con una imagen de texturas, como suelo hacer en otras ocasiones. Porque el discernir requiere acariciar las superficies, ahondarlas a través del tacto de la palabra, recorrerlas, sentirlas, hacerlas propias. En este caso se trata del musgo sobre una roca horadada por las mareas, musgo marino, verde a la orilla de la inmensidad azul.